La última encuesta del CIS confirma lo que veníamos sospechando: casi la mitad de las chicas menores de 25 años en España se consideran bisexuales u homosexuales, y la cifra sigue aumentando a pasos agigantados.
No hablamos de un leve incremento, sino de un fenómeno sociológico sin precedentes. Según este estudio, casi uno de cada cuatro jóvenes entre 18 y 24 años se identifica como bisexual, cifra cuatro veces mayor que en generaciones anteriores.
¿Qué está sucediendo realmente?
En primer lugar, se trata de un fenómeno que apunta directamente a un cambio cultural profundo.
La Generación Z ha crecido rodeada de referentes en televisión, redes sociales y plataformas como Netflix que visibilizan y, en ocasiones, celebran este tipo de orientación sexual.
Series como «Adolescencia» ha naturalizado la bisexualidad hasta convertirla en algo más que una moda pasajera: es ahora una declaración generacional.
Los jóvenes están viviendo un verdadero ataque identitario.
La heterosexualidad femenina, según el CIS, ha caído del 93,4% al 83,8%, mientras la bisexualidad se ha duplicado en muy poco tiempo, alcanzando ahora un 7,5%.
Y si bien algunos analistas apuntan a un componente de moda o «contagio social», sería ingenuo ignorar que algo más profundo está sucediendo en nuestra sociedad.
Este cambio no es únicamente un asunto de preferencias sexuales, sino que refleja también el trabajo ideológico de décadas de impulsar una ruptura frontal con los valores fundamentales y las estructuras familiares.
Sin embargo, detrás de esta ficticia euforia por la ideología de género, muchos jóvenes manifiestan profundas inseguridades e incertidumbres.
Preguntas frecuentes entre los jóvenes como «¿has probado con chicas?» o «¿y si hacemos un trío?» revelan una sociedad pérdida que aún no sabe muy bien donde esta la verdadera libertad.
Por otro lado, también está la cuestión política. En un contexto donde los chicos jóvenes se decantan mayoritariamente por opciones políticas como VOX o PP, las chicas están abrazando posiciones de (PSOE, Sumar), alineadas con esta obsesión de la identidad sexual y feminismo como elemento de ruptura y afirmación personal. La bisexualidad, por tanto, podría interpretarse también como una forma de resistencia política frente a los valores fundamentales.
¿Hacia donde vamos?
La juventud está buscando desesperadamente identidad y pertenencia, encontrando en la bisexualidad un refugio que, paradójicamente, los separa aún más de lo que son,
El concepto de entrega y compromiso desaparece en esta nueva concepción de sexualidad fluida, poniendo en riesgo la estabilidad emocional futura de muchos jóvenes.
Esta explosión identitaria está enmascarando una profunda crisis existencial. Estamos confundiendo libertad con evasión. ¿Realmente saben estos jóvenes quiénes son, o están simplemente probando identidades como quien se cambia de ropa?
El CIS revela además un dato preocupante: muchas jóvenes aún no han tenido experiencias reales con otras mujeres, pero están convencidas de que deben explorar esa posibilidad.
Aquí se asoma otra cuestión: la presión social y mediática está empujando a muchas mujeres a identificarse con etiquetas sexuales que no responden a su verdadera esencia. El simple deseo de ser vistas, reconocidas y aceptadas en esta sociedad les lleva a abrazar la ideología reinante. Aún sabiendo que corren el riesgo de convertirse en mero postureo generacional.