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Actuar. Por un nuevo renacimiento europeo (I) Acción y renacimiento

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La acción

Acción que debe ser realmente en modo cristiano y, por ello, es necesario ajustarla; no sirve cualquier tipo de acción, como no sirve cualquier estilo. Y esto es cierto en todos los ámbitos. Cobra una especial importancia en el ámbito político porque constituye un testimonio público.

La acción humana implica intencionalidad y racionalidad; no es un mero reflejo o respuesta instintiva, sino que está guiada por objetivos y valores. Junto con la intención, la acción, que no puede confundirse con el activismo, requiere un agente. Un sujeto, individual o colectivo orgánico, requiere conciencia de lo que se quiere realizar, capacidad para entender la causalidad de lo que se quiere provocar, responsabilidad y comprensión del contexto. Todo esto forma parte de la metodología de la acción. Requiere decisión, planificación, capacidad ejecutora y flexibilidad.

Una acción cristiana tiene más exigencias. Tres autores nos ayudan en su comprensión: Maurice Blondel (1861-1949) en «La Acción: Ensayo de una crítica de la vida y de una ciencia de la práctica», publicada en 1893. Para Blondel, la acción forma parte de una búsqueda constante de trascendencia. La acción humana refleja un deseo intrínseco de alcanzar algo más allá de lo meramente material y contingente; hay un impulso hacia la superación de uno mismo y hacia la consecución de algo más allá del mero presente o inmediato. Está dirigida hacia la plenitud del ser. Es también una forma de conocer la realidad; no solo afecta al mundo exterior, sino que también transforma al sujeto y su comprensión del mundo. Finalmente, debe poseer una profunda dimensión ética que refleja el carácter y los valores del sujeto.

Podemos completar lo anterior con unas notas de Santo Tomás de Aquino (1225-1274). La acción humana se inscribe dentro de un orden moral que es regulado por la ley natural. Esta ley es una participación de la ley eterna (la razón divina) en la criatura racional y orienta las acciones humanas hacia el bien y la justicia. Tres criterios:

  1. Las acciones deben orientarse hacia una finalidad recta y no meramente hacia bienes aparentes.
  2. La verdadera finalidad es la beatitud en Dios.
  3. La moralidad de una acción se evalúa según su conformidad con la ley natural y la ley divina. Las acciones moralmente buenas son aquellas que respetan el orden moral establecido por Dios y contribuyen al bien último.

La intención detrás de la acción es crucial para su valoración moral. Una buena intención puede hacer que una acción neutra se convierta en buena, mientras que una mala intención puede corromper una acción en apariencia buena.

Mi tercera referencia para este enmarcamiento de la acción es Alasdair MacIntyre: la acción es significativa en la medida en que contribuye a una historia de vida coherente y se inscribe dentro de prácticas sociales que tienen sus propias normas y fines. Las acciones tienen significado porque forman parte de una historia de vida en la que el agente persigue ciertos bienes y objetivos. Las acciones deben contribuir al bien común de la comunidad, que es el contexto en el que los individuos pueden florecer. La evaluación moral de las acciones se realiza en el contexto de los valores y las normas de la comunidad y no simplemente como decisiones autónomas e independientes. No se trata de la acción como resultado de decisiones aisladas o movimientos puramente instrumentales.

Renacimiento. Dos ideas previas

Concepto de Renacimiento

Más allá del concepto más habitual o estricto y a la vez muy impreciso: sucedió a mediados del siglo XIV hasta finales del siglo XVI en Europa, caracterizado por un renovado interés en la cultura, el arte, la ciencia y el pensamiento de la antigüedad clásica, ideas y valores de la antigua Grecia y Roma, si bien que en los términos del vector que los transmitía, que era básicamente el cristiano, la Iglesia para ser más exactos.

Un renacimiento como concepto posee unas características

  1. Humanismo: el ser humano en el centro de la reflexión filosófica y artística. La cuestión es cómo entendemos a este ser humano. ¿A imagen de Dios o sin Dios? Hoy, una tarea básica del humanismo es la de humanizar la tecnología en lugar de aplicarla para construir lo posthumano.
  2. Renovación Artística.
  3. Progreso Científico. Innovaciones tecnológicas y mejoras materiales en las condiciones de vida.
  4. Exploración Geográfica: nuevos horizontes. ¿Cuáles pueden ser hoy? Sugiero tres: liberar al ser humano, sanar la Tierra y conquistar el espacio.
  5. Cambio en la Educación.
  6. Recuperación de las fuentes y de la tradición y su revitalización.
  7. Transformación Cultural: un Renacimiento transforma profundamente.
  8. Nuevas Formas de Gobierno y Sociedad.

Europa y los renacimientos

  1. Un renacimiento surge como una respuesta a una gran necesidad. Esta es nuestra experiencia: Europa se configura siempre a partir de una serie de sucesos extraordinarios que se ajustan al concepto de Renacimiento y tienen desde su mismo origen idéntico fundamento: el cristianismo.
  2. Europa empieza a surgir después de la caída del Imperio Romano desde el cristianismo en una doble dimensión estrechamente entrelazada. El más potente, el de la fe; la conversión desde el paganismo, los pueblos germánicos, los últimos los sajones, eslavos, polacos y magiares, pueblos nórdicos, vikingos, que en su inculturación en Bretaña e Italia constituyen los normandos. La otra dimensión es la de la cultura en su sentido amplio, también técnico y económico. Un buen ejemplo de síntesis son los monasterios del Císter. Poblet.

Europa vive, a partir del nacimiento inicial con el nuevo orden de la llamada Edad Media, tres renacimientos hasta llegar a la ruptura de la Ilustración.

Los Renacimientos de Europa

  1. Renacimiento Carolingio (siglo VIII-IX), que configura el espacio más semejante a lo que sería con el paso de los siglos el Mercado Común. Carlomagno (768-814) y sus sucesores.
  2. Renacimiento Otoniano (siglo X-XI), bajo el gobierno de la dinastía otoniana, especialmente durante el reinado de Otón I (936-973).
  3. Renacimiento del siglo XII (siglo XII-XIII), fue una época central de revitalización intelectual y cultural en Europa Occidental, no exenta de grandes tensiones causadas por el choque entre la filosofía aristotélica y la teología agustiniana. Santo Tomás de Aquino y su gran síntesis son claves en la superación de un conflicto cultural que podía haber roto Europa. Desarrollo Universitario: Bolonia, París. Avances en la astronomía, la medicina y la matemática, desarrollo de la escolástica como un método de pensamiento crítico y de enseñanza en las universidades. Innovaciones arquitectónicas: avances en la arquitectura gótica, los arcos apuntados y las bóvedas de crucería.

La gran ruptura de la Ilustración y la Revolución francesa y las revoluciones liberales posteriores. Inicio de la Modernidad. Un periodo agitado 1789-1848. Este último, el año de las revoluciones en Europa; antes hubo también en 1829 y 1830.

La Ilustración, en definición de Jürgen Habermas, que en realidad asume acríticamente la definición de Max Weber, consiste en la diferenciación, por primera vez, de la ciencia, la moral y el arte, que ya no estaban articulados por una cosmovisión, sino que constituían esferas de valor autónomas, cada una regida por sus normas sobre la verdad, la justicia y la belleza. Ya hemos visto a lo que nos ha conducido esta particular visión que ha destruido todo concepto moral común, como critica MacIntyre en «Tras la virtud».

Twitter: @jmiroardevol

Facebook: josepmiroardevol

En vacaciones es el momento de entender por qué pasa lo que pasa.

Es el momento de leer La Sociedad Desvinculada de Josep Miro i Ardèvol

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