Abramos los ojos. No todo está perdido. Porque en este mundo nuestro, ni religión ni nada sirve para salvarlo si uno no está dispuesto a dar de sí cuanto le toca dar, a hacer lo que tiene que hacer, que es ser fiel a la Verdad, no hay más. Si uno no quiere ser honesto, por más que diga y aparente, no lo es, y por ese camino jamás llegará a dar lo que la vida espera de él, aunque se crea un dios que rige su propio cosmos.
Más aún, es común observar en nuestros días que por más que uno diga y se prodigue repitiendo como un loro que es católico, si no cumple con el Evangelio de la mano de las enseñanzas de la Iglesia, no es más que papel mojado; aún más, papel sucio repujado en las calderas de Pedro Botero, en cuyas cloacas el demonio emplea pez para encender el fuego que brasea las ollas donde enloquecer a sus víctimas con “fuego que no se apaga” (Mc 9,44).
No es de extrañar que hoy como ayer pero más que nunca, el Enemigo universal se salga con la suya engatusando a sus víctimas, pues las seduce con el primer pecado capital, que es la soberbia: les hace creer que son “la crème de la crème” y se lo creen, hasta que se derriten como la cera aburrándose en un pastiche de mil demonios. A la vista de lo inconsistente que es el ser humano y su ansia de reconocimiento, es algo en lo que es fácil tropezar cuando se vive con un exceso de insano protagonismo, pues a la que bajas la guardia, el Soberbio te enreda en sus redes… y te propina garrote por detrás.
Una respuesta digerible
En efecto, es sensato que antes de responder a un evento que nos desafía no respondamos con impulsividad y desconocimiento, sino que debemos pararnos a valorar cómo responder desde la sensatez y con bravura de espíritu, de acuerdo con nuestra fe o lo que aparentamos que es. Si no es así, deambularemos como autómatas que se adjudicarán toda obra prostituida como si fueran a comulgar sobre patena, y rechazarán aquellas que a la luz de la fe serían las adecuadas; de manera que es fácil provocar un escándalo, al que Jesús se refiere con duras palabras: “Es necesario que vengan escándalos, ¡pero ay de aquel por quien viene el escándalo!” (Mt 18,7). La integridad es imprescindible para entrar en el cielo.
Es muy triste el espectáculo. No solo van cayendo los adultos aletargados, sino que estos han llegado ya a contagiar su tedio a aquellos llamados millennials y otros eternos adolescentes, abusando de su personalidad en constitución (lo cual es aún más grave), haciéndoles creer que la felicidad es algo que está en lo pasajero, en el vacío existencial provocado por la insatisfacción permanente de una sed de plenitud que no buscan en su fuente, sino en las cloacas de la antivirtud.
Así, a cabezazos se alejan día a día y noche tras noche de la Verdad, que es la única aspiración que podría colmar su felicidad, aquella para la que fueron creados. De tal manera, persiguiendo la felicidad en la falsa libertad, se hacen esclavos infelices; porque la felicidad no hay que perseguirla, sino vivirla… viviendo en la Verdad. Somos libres de ser libres, y así debemos vivir; es aquello que ya avanza el dicho: “O en misa, o repicando”. Seguiremos, pues, mientras nos dejen, dispuestos a seguir incidiendo el próximo viernes.
Twitter: @jordimariada
Persiguiendo la felicidad en la falsa libertad, se hacen esclavos infelices; porque la felicidad no hay que perseguirla, sino vivirla… viviendo en la Verdad Compartir en X