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A cabezazos (III)

La situación que sufrimos no es solo un simple efecto de gimnasio; es también una confusión con la magnesia, pues muchos ya confunden, como dice el dicho, la gimnasia con la magnesia…

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No le des vueltas. Deja fluir. Si una cosa funciona es que funciona, y si no funciona es que no funciona. No hay más. Quizás me tomes por Perogrullo, pero la verdad en una relación es lo que se muestra y trasciende las fronteras de lo interior. Porque si una cosa permanece encerrada, hasta que no eclosione, no tienes nada que hacer… a menos que desees ir a cabezazos tratando de “abrir” lo que en realidad es romper.

Sin duda, la belleza está en el interior. Pero si esa belleza no se expresa o se expresa a cabezazos, enferma. Y si lo que quieres de una relación es dedicarte a hacer malabarismos con el bisturí, lo más probable es que salgas escaldado habiendo provocado un sangrado que deberás subsanar… pero que la mayoría (por ambos lados) abandona a la intemperie, de manera que el encarnizamiento acaba infectándose e infectando su alrededor.

En ocasiones muy raras, lo que sucede es que ese abrirse se da a treinta años vista, por lo que si lo que deseas es esperar a vivir dentro de treinta años, ¡adelante, es tu decisión! Pero si lo que quieres es una relación sana, lo que debes buscar ante todo es la fluidez. Insisto. No le des más vueltas, ni te escudes en una falsa caridad cristiana, que forzar una relación lo único que consigue es perpetuar el malestar en ambos campos. No pierdas el tiempo. Si una persona necesita un médico, no hagas de médico; si necesita un cura, no hagas de cura. El amor en el terreno laical que nos ocupa no es hacer de monja. Si quieres ser monja, deberás hacer los votos, y luego sí, cumplirlos.

El mundo no funciona porque no fluye. Perdona. Querría decir que solo fluye el mal que el Enemigo está sembrando. Falta abundancia de bien. Porque ese Bicho raro con cara de bestia disimulada bajo infinidad de prótesis faciales y corporales ha conseguido convencer a los comodones que lo mejor para ser feliz es “dejarse ir”, “soltarse”, de manera que “lo que me sale” me da placer instantáneo. Una cosa es soltar lo bueno, y otra lo malo. Eso sí, la letra pequeña de la etiqueta (o más bien la letra silenciada) es que esa instantaneidad placentera dura tan poco, que, o consigues ir de cabezazo en cabezazo para sostenerlo en el tiempo, o sucumbes a medio camino sin tener tiempo ni de hacer la siesta.

Así, acabamos todos aborregados (porque a todos nos “tira” la comodonería), jadeando por una ansiedad que acaba estallando en todo tipo de enfermedades mentales. Porque el cerebro humano (y también el amor) están hechos para fluir y compartir con mesura y con gobierno, no atragantarse a lo loco… ni aguantar los desaires de la persona que no quiere fluir. Déjala en su lugar, y tú vete a lo tuyo. La relación sana empieza en ti.

Sin faldas y a lo loco.

Y aquí estamos todos, en un caldo de cultivo de enfermedades mentales, que como se está descubriendo son las principales causantes de todo tipo de enfermedades físicas. Así que justos por pecadores, pagaremos lo que con la mano de Satán hayamos arrebatado (actuando con libertad) de las manos de nuestro Hermano mayor, nada menos que Hijo de Dios. Pues sí; somos hijos de Dios, hermano, mi hermana del alma, y debemos elegir su Camino libremente si queremos ser felices… o seguir tumbeando a cabezazos.

¿Te acuerdas de la lección que compartimos en el artículo anterior? Hablábamos entonces de aquella filosofía mal aprendida a golpe de cabezazos en las máquinas de musculación del placer a destajo que se vive hoy tanto en los salones de la alta sociedad como en las cuadras en que se reboza la plebe. Tal para cual, no pasan de estercolero. De hecho, la situación que sufrimos no es solo un simple efecto de gimnasio; es también una confusión con la magnesia, pues muchos ya confunden, como dice el dicho, la gimnasia con la magnesia… y tragan quina convencidos de que les curará lo que enferman con la magnesia; y una por la otra, acaba el suelo sin fregar. De ese fregado hablaremos el viernes que viene. De momento, procuremos no aborregarnos, y amar de verdad. ¡Ya será mucho!

Twitter: @jordimariada

Sin duda, la belleza está en el interior. Pero si esa belleza no se expresa o se expresa a cabezazos, enferma Compartir en X

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